
En la noche,
durante el viaje al descanso que sosiega cada célula de alboroto,
el deseo,
la infinitud me abandera.
Te entrometes entonces sin licencia en mi cuerpo;
algo olvidaste, pues regresas sigiloso en la oscuridad para inquietarme:
expulsándome del sueño.
Te transformas en urgencia, y...
quebrantas el territorio que has comenzado a recorrer.
Regreso al descanso y...,
otra vez reapareces, efímero, fugaz, rotundo en vacío.
Entonces, al igual que en la anterior sacudida, solo un contraveneno consigue
restablecer tanta tormenta de silencio.